Hace cinco años que maté mi ultima perdiz salvaje en las Omañas, este año aún no pude jubilar al Lennón, y me deparó un lance precioso sin apurar las perdices y a la vez no dándoles tiempo a apeonar mucho y salir largas, debería haberme quedado con las dos, quizá los nervios... que a pesar de los años las perdices las vivo de otra manera, pero estubo bien. Va por él.
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